En noviembre de
1996 se produjo un grave accidente en el dique de Colas de la mina PORCO ( Bolivia ) y un año después, el río Pilcomayo continuaba con altos niveles de contaminación, principalmente de zinc y cobre. El ministro de
desarrollo sostenible de Bolivia, ERICK REYES VILLA, reconoció a un año del accidente que no se habían logrado revertir los niveles de contaminación, sino que a la inversa, el cobre y el zinc figuraban por encima del
grado registrado cuando se produjo el accidente. Los afluentes del Pilcomayo especialmente el Yanamachi y el Aguas Castilla presentaban niveles de cobre hasta tres veces superiores al registrado cuando se produjo el
accidente. El río fue declarado no apto para la pesca hasta 50 Km. Río debajo de la mina PORCO. Una investigación de la prefectura de Potosí constató que no solo la mina PORCO era la responsable de la
contaminación de las aguas. A ella se le suman los contaminantes de varios ingenios mineros de la región. Tanto la empresa Comsur, propietaria de la mina PORCO, como los demás ingenios mineros
siguen sin cumplir con las normas que establecen sus respectivas fichas de impacto ambiental.
El departamento de Potosí ocupa hoy en Bolivia una prolongación del desierto de Atacama, tal vez el más árido del mundo y
como ayer, Bolivia obtiene de él la mayor parte de sus ingresos económicos a través de la explotación minera. Ya en tiempos de los Incas las minas de Colque Porco y Andacaba eran explotadas por este imperio
pre-colombino, pero con fines religiosos y no comerciales. El oro y la plata servían para adorar a los dioses.
Luego de la conquista española, el cerro Potosí, que en Inca significa "Truena", hizo brotar
una esplendorosa metrópolis que llegó a albergar en su momento la misma población que Londres. El emperador Carlos V le otorgó el título de Villa Imperial y un escudo que rezaba "Soy el rico Potosí, del mundo soy
tesoro, soy el rey de los montes y envidia soy de reyes".
Hoy el Potosí ya no es ningún tesoro del mundo considerando que destruye la cuenca del Pilcomayo, que abarca 272 mil kilómetros cuadrados, distribuidos
en Argentina, Bolivia y Paraguay. Al año las minas vierten en el río 500 mil toneladas de desechos tóxicos, resultado de las más de 1500 toneladas de residuos altamente contaminantes que los ingenios arrojan
al cauce cada día.
Los ingenios funcionan sin ningún control. Especialistas de Holanda y Bolivia verificaron que desde la confluencia del río Tarapaya hasta la cuenca baja en Crevaux ( frontera con Paraguay )
el Pilcomayo presenta un aumento alarmante de potencial de hidrógeno ( PH ), magnesio, calcio y sulfatos, así como de metales pesados.
Antes de la conquista el inca Huayna Capac se había hecho llevar enfermo, a
las termas de Tarapaya, donde encontraría alivio en las cristalinas aguas de entonces. Hoy el Tarapaya es uno de los ríos más contaminados del mundo debido a los desechos tóxicos que recibe tanto de la zona minera como
del mismo Cerro Rico de Potosí.
En la zona de Ibibobo también se ha detectado la indeseada presencia de los metales pesados, y esta región ya forma parte de la extensa llanura que es el Chaco Paraguayo. Los habitantes
del páramo están preocupados por el sábalo (Prochilodus lineatus), pez migratorio que se cría en los pantanos y que es pescado por los bolivianos.
Pero no es la contaminación el único drama del Pilcomayo, que ha sido
desviado hacia la Argentina dejando prácticamente seco el cauce natural que se distribuía hacia el Chaco paraguayo y se constituía en frontera natural entre el Paraguay y la República Argentina.
Precisamente
los guaraníes, nativos de Paraguay, dieron al Pilcomayo el nombre de AGUARAY, "Río de los moradores del cielo".
Los chiriguanos que conquistaron los contrafuertes andinos lo llamaron " YKY
A", río sucio, por las materias sedimentarias andinas de las que es vehículo. El inca Garcilazo lo conoció como Pillcumayu, dicción que ha prevalecido sobre las demás.
El drama actual que atraviesa
el río se remonta a la guerra que el Paraguay sostuvo contra la triple alianza entre Argentina, Brasil y Uruguay en el siglo XIX. En ese entonces, el ministro inglés en el Plata Edward Thorton jugó un papel decisivo en
el contubernio que terminó en una aniquiladora guerra contra el Paraguay, que pagó literalmente con su destrucción la oposición que había manifestado a los intereses comerciales británicos y al imperialismo inglés. Lo
que hoy es el Chaco Paraguayo fue sometido en los años que siguieron a esa conflagración bélica, a un arbitraje estadounidense ya que el territorio era discutido entre Paraguay y Argentina. El 12 de noviembre de 1878 el
presidente de los EUA, Rutherford Hayes, falló a favor del Paraguay, pero se había perdido el Pilcomayo hasta el Bermejo.
La caída del Paraguay en garras del imperialismo inglés significó al país un rumbo
histórico perverso. En los años 30 del siglo XX estalló otro conflicto sobre el Chaco, esta vez entre Paraguay y Bolivia, que cubrieron con sus banderas los intereses petroleros de la Standard Oil de New Jersey, que
financió a Bolivia, y los de la Royal Dutch Shell de Inglaterra, que impulsó al Paraguay . Todavía humeaban los cañadones chaqueños cuando Argentina practicó, en 1936, un primer desvío al río Pilcomayo. El
segundo desvío, por los mismos argentinos tuvo lugar en la zona de Linares hacia 1976 y el tercero en 1991 en la zona de La Dorada. Pero la tragedia no termina con estos desvíos. La colmatación acontecida a un ritmo de
pérdida del cauce a 7km. por año, y su consecuente transformación en frontera seca sin la correspondiente recuperación por dragado, ha hecho perder al Paraguay una extensión de 635 km de río.
La desaparición del río
ha sido una catástrofe para la fauna silvestre, pero también y sobre todo para las comunidades indígenas, que pasaron a una sequía permanente y perdieron la fuente de alimentos que constituían la caza y la pesca.
Los yacarés de la zona se volvieron caníbales, ante la falta de peces para alimentarse.
También la contaminación aérea alcanza niveles preocupantes en Bolivia. Un estudio de la Universidad de Cochabamba
indica que en 1998 las partículas en suspensión sumaban la cantidad de 77 toneladas por kilómetro cuadrado en los barrios pobres de esta ciudad. Estas partículas pueden ser tóxicas dada la falta de un
sistema de recolección de basura y la existencia de una refinería de petróleo en medio de las zonas habitadas. El humo de las ladrillerías que usan leña como combustible y el polvo de las calles sin pavimentar son
otros factores responsables. La actuación de las autoridades frente a estos problemas es débil o nula, aunque en 1992 se aprobó una ley de medio ambiente en Bolivia. Pero nada se ha hecho contra la refinería
de petróleo, una de las más importantes del país, cuyas aguas residuales son volcadas directamente a canales y luego aprovechadas para el riego.