EL PODER OMNIMODO DE LA TECNOLOGIA
 Y LOS ASESINOS DEL OZONO

Los países pobres son constantemente presionados para integrarse a acuerdos internacionales sobre protección medioambiental y obligados a comprometerse a adoptar medidas enérgicas para cambiar tanto sus políticas económicas como sus métodos de producción. Las potencias imperialistas reconocen que la transferencia de tecnología no perjudicial para el ambiente es esencial para permitir al sur iniciar el camino del desarrollo sustentable, pero el gran obstáculo radica en el hecho que las patentes de tal tecnología son fundamentalmente propiedad de compañías transnacionales del NORTE y existe un estricto régimen de propiedad intelectual impuesto por los acuerdos del GATT y su sucesora, la organización Mundial del Comercio.

El crecimiento económico logrado con altos costos ambientales por falta de tecnología limpia tiene una doble consecuencia negativa: destruye el medio ambiente y además frena el crecimiento y en consecuencia, el desarrollo en el mundo periférico. Las tierras con vegetación, por ejemplo, sufren degradación del suelo debido a deforestación, erosión y sobre pastoreo.

Por otra parte, las patentes de tecnología limpia están en manos de unas pocas compañías multinacionales que no quieren conferir permiso para usar su tecnología a empresas de países en desarrollo, a las que ven como rivales. Algunas compañías tercermundistas están dispuestas a pagar el precio de mercado y aún más por la tecnología, pero las transnacionales que poseen la patente se niegan a otorgarles la licencia a menos que puedan obtener la mayoría de las acciones de dichas compañías. En efecto, es frecuente que en países subdesarrollados los propietarios extranjeros de tecnología exijan una parte del paquete accionario de las empresas, además de decisivos controles técnicos y administrativos y de la obligación de vender la producción a determinados intermediarios también extranjeros, y de importar la maquinaria y otros bienes desde sus casas matrices, a cambio de los contratos de transmisión de patentes o KNOW-HOW.

De esta manera, los países periféricos reciben la tecnología moderna pero al servicio no propio sino de los intereses extranjeros que modelan y remodelan a su antojo el estatuto colonial de estos países.

La OMC hace también lo suyo bloqueando al máximo el acceso del sur a la tecnología ambientalista. Pero cuando llega la hora, los países pobres son presionados para cumplir plenamente con sus obligaciones. Como la eliminación gradual del uso de CFC (por el protocolo de Montreal) o la reducción en la emisión de gases de efecto invernadero (en la convención sobre cambio climático). El norte no cumple con sus obligaciones de ayuda financiera y transferencia de tecnología pero el sur sí debe cumplir sus compromisos o es sancionado, materializándose esto en graves trastornos económicos.

Para las empresas del tercer mundo es muy difícil o imposible acceder a sustitutos para los clorofluoro carbonos (CFCs), que se utilizan tanto en procesos industriales como refrigerantes y destruyen la capa de ozono de la atmósfera. Esto afecta la capacidad del sur de cumplir los compromisos del protocolo de Montreal, un acuerdo internacional destinado a detener la destrucción de la capa de ozono mediante la eliminación gradual de los CFCs y otras sustancias dañinas en determinados plazos. En el protocolo, los países industrializados acordaron originalmente eliminar la producción y utilización de CFCs para el año 2000, y las naciones en desarrollo recibieron un período de gracia de 10 años para hacer lo mismo. A través de este acuerdo, las compañías del tercer mundo, donde no existe prácticamente investigación, van camino a ser clausuradas en el año 2010.

Del griego ODSEIN (Oler), el ozono, conocido en su fórmula química como 03, es una forma alotrópica del oxigeno, es decir, una de las modalidades en que se presenta ese gas en la naturaleza. Se señala que en la llamada zona  foto -química de la alta atmósfera, el 03 se produce al actuar sobre ella los rayos ultravioletas (UV) del sol, los que fraccionan las moléculas del oxigeno molecular común,02. Producido el ozono se ubica en la atmósfera en forma concentrada en una capa de unos 30 Km. De altitud y en cantidades nunca superiores a las 10 partes por millón de volumen. El 03 forma un escudo protector que impide que los rayos perjudiciales del sol alcancen la faz de la Tierra, dejando, por el contrario, continuar su camino hacia la superficie los rayos benéficos.

En 1974, investigadores de la Universidad de California señalaron la seria amenaza para la capa de ozono mundial que significaban los productos químicos sintéticos denominados CLORO - FLUORO - CARBONOS (CFCs). Se destaca que existen también otros compuestos sintéticos relacionados con los CFCs que dañan en forma significativa la capa de ozono. Son las brominas, formadas por moléculas de bromo y llamadas halones. La disminución del 03 comenzó a ser detectada en la Antártida en 1977, comprobándose en 1985 que la capa de ozono sobre la Antártida había disminuido en 40%. Se consignó que el sector dañado cubría una zona subcircular, donde se presentaba la delgadez máxima del 03. A partir de entonces, se comenzó a hablar de "agujero" en la capa de ozono. También se ha verificado una paulatina disminución de este gas en el hemisferio norte.

Inventados en 1928, los CFCs, compuestos inodoros, no tóxicos, no inflamables y que no reaccionan químicamente con nada tenían todos los boletos para convertirse en sustancias perfectas de uso industrial.

Enseguida se les encontró infinidad de aplicaciones: desde el gas utilizado para fabricar la espuma de las cajas de huevo  y comida rápida hasta los propelentes de los espray, pasando por los sistemas básicos de un frigorífico, el aislamiento y los refrigerantes.

Pero a principios de los años '80 se encontró que si bien era bueno que los CFCs apenas reaccionaban con nada, esto era desastroso para la capa de ozono. Porque si no reaccionan con nada suben intactos a la estratósfera y, una vez allí, la luz ultravioleta, la misma que nos pone morenos en la playa, los descompone y libera el cloro. Y el cloro es un verdadero asesino del ozono.

Cuando en 1985 científicos británicos y la NASA confirmaron la existencia de un "Agujero" en la capa de OZONO sobre la Antártida la sociedad se movilizó.

Diferentes estudios demostraron que casi el 90% del cloro emitido a la atmósfera provenía de los CFCs.

Salvar la capa de ozono se convirtió en un objetivo prioritario: según un informe de la agencia para la protección del medio ambiente estadounidense el deterioro de la capa de ozono podría provocar unos 200 millones de casos extra de cáncer de piel solamente en Estados Unidos.

Los clorofluorocarbonos se comportan en la estratósfera como los asesinos del ozono. Su nombre, compuesto, dice lo que contienen: cloro, flúor, y carbono. El enemigo del ozono es el cloro.

En la sociedad industrial, los CFC están en todas partes. Se fabrican en cantidades enormes, y se han vuelto casi indispensables. Sirven de agentes infladores en las espumas plásticas aislantes (que se encuentran tanto en los automóviles como en los embalajes). Son utilizados como solventes en la industria electrónica. Porque pasan fácilmente del estado líquido al gaseoso, a la temperatura ambiente, sirven de fluidos refrigerantes en los aparatos de frío (Refrigeradores, congeladores, climatizadores). Por esta misma propiedad hace que se los utilice en los aerosoles.

Los CFC más comunes son conocidos con el nombre comercial de "freones". Los campeones del género son el CFC11 y el CFC12, responsables de las 3/4 partes de los daños provocados a la capa de ozono.

Cada vez que accionamos un aerosol de freón, cada vez que un refrigerador se oxida en un basurero, etc., se escapan freones y se elevan hasta la capa de ozono.

A esas altitudes, los rayos ultravioletas rompen sus moléculas y se libera el cloro asesino. Una molécula de cloro es capaz de destruir 100 mil moléculas de ozono en un año.

El área del agujero del ozono sobre la Antártida, cubre en la actualidad una superficie  superior al territorio de Europa comprendido entre los Montes Urales y el Oceáno Atlántico.

En septiembre de 1998 el aujero del ozono se extendió sobre zonas septentrionales del océano glaciar Artico, a 55° de latitud sur, y en dos ocasiones se proyectó inclusive sobre el territorio continental del cono sur de América. En esta ocasión al ser medido se reveló como dos veces y medio superior al área del continente europeo, 25 millones de kilómetros cuadrados.

Según la organización meteorológica mundial, el 85% de la capa de ozono resultó destruida en la baja estratósfera sobre una superficie de más de 10 millones de kilómetros cuadrados.

Durante la primavera austral de la Antártida se verifican las condiciones ideales para que la acción de elementos químicos como el cloro y el bromo ataquen el ozono.

En ese período confluyen el estrecho vértice estratosferico circunpolar aislado de los grandes intercambios Norte-Sur, las temperaturas extremadamente bajas de la baja estratosfera (80° bajo cero) y la presencia de aerosoles.