Los cambios climáticos de la tierra, como la edad de hielo, han sido procesos naturales y paulatinos. Sin embargo, en el siglo XVIII la
historia empezó a cambiar. La población humana había aumentado considerablemente y nació la industria. Producto del ingenio del hombre, surgieron las máquinas que facilitan el trabajo humano.
Pero estas
máquinas necesitaban energía para funcionar, y para obtener dicha energía comenzaron a usarse los combustibles fósiles; carbón, petróleo y gas natural. El carbón movía las locomotoras, el gas y el petróleo
iluminaban las ciudades.
El filósofo inglés John Stuart Mill se preguntaba a mediados del siglo XIX: "¿Con qué fin busca nuestra sociedad su progreso industrial? Cuándo el progreso se detenga, ¿En qué estado
podemos esperar que deje a la humanidad?"
James Allaire había aumentado el rendimiento de las máquinas a vapor, inventando en 1824 el motor compuesto, al que se le añadieron la caldera tubular y el motor de doble
cilindro. En 1890 Charles Parson desarrolla la turbina: es la segunda revolución industrial. Muchos pensaron que estos avances de la ciencia y la técnica se traducirían solo en beneficios para el hombre.
El problema fue que los motores quemaron grandes cantidades de combustibles fósiles y produjeron enormes volúmenes de dióxido de carbono, gas que ocasiona el "efecto invernadero". El monocultivo, la cría
de animales y la tala indiscriminada de bosques agravaron el problema, añadiendo al CO2 metano y dióxido de nitrógeno.
En pequeñas concentraciones, los gases que producen el efecto invernadero son vitales para
la supervivencia del hombre. Sin ellos, la tierra sería 30 grados más fría, como el planeta Marte.
Cuando la luz solar llega a la tierra, un poco de esta energía se refleja en las nubes, el
resto atraviesa la atmósfera y llega al suelo. Gracias a esta energía la vegetación crece y se desarrolla.
Pero no toda la energía del sol es aprovechada en la tierra, una parte es devuelta al espacio.
Como la tierra es mucho más fría que el sol, no puede devolver la energía en forma de luz y calor, por eso la envía como energía infrarroja. (Un ejemplo de energía infrarroja es el calor que emana de una estufa
eléctrica antes de que las barras comiencen a enrojecer). Los gases de efecto invernadero absorben esa energía infrarroja como una esponja, de este modo el calor queda atrapado en la atmósfera terrestre de la misma
forma en que el calor queda atrapado entre los vidrios de un invernadero. Este efecto de calentamiento es el efecto invernadero.
MUNDO GLOBAL, CAMBIO CLIMATICO GLOBAL
El problema es que
estamos haciendo que nuestra "frazada" atmosférica sea más gruesa. Esto es a través de la quema de carbón, petróleo y gas natural, que liberan grandes cantidades de CO2 a la atmósfera. Cuando talamos bosques y quemamos
madera, reducimos la absorción de CO2 realizado por los árboles y conjuntamente liberamos el dióxido de carbono contenido en la madera. El criar bovinos y plantar arroz genera metano, óxidos nitrosos y otros gases
invernadero. Si el crecimiento de la emisión de gases invernadero se mantiene en el ritmo actual los niveles en la atmósfera llegarán a duplicarse, comparados con la época preindustrial, durante el siglo XXI. Si no se
toman medidas es posible hasta triplicar la cantidad antes del año 2100 ( GCCIP, 1997).
El consenso científico como resultado de esto, es que seguramente habrá un aumento global de la temperatura entre 1.5 y 4.5 °C
en los próximos 100 años. Esto agregado al ya existente aumento de 0,5°C que ha experimentado la atmósfera desde la revolución industrial (UNEP/WHO,1986).
Poder predecir cómo esto afectará al clima global, es una
tarea muy difícil. El aumento de la temperatura tendrá efectos expansivos. Efectos inciertos se agregan a otros inciertos. Por ejemplo, los patrones de lluvia y viento, que han prevalecido por cientos y miles de años,
de las que dependen millones, podrían cambiar. El nivel del mar podría subir y amenazar islas y áreas costeras bajas. En un mundo crecientemente superpoblado y bajo estrés, con suficientes problemas de antemano, estas
presiones causarán directamente mayor hambruna y otras catástrofes. (UNEP/WMO,1994).
Según la Organización Mundial de la Salud (WHO), aún un pequeño aumento de temperatura puede causar un aumento dramático de muertes
debido al esparcimiento de enfermedades tales como la malaria, dengue y cólera; sequías, falta de agua y alimentos. La IPCC lo plantea así: "el cambio climático con certeza conllevará una significativa pérdida de vidas"
(Dunn,1997).
La cantidad de dióxido de carbono ha aumentado desde 295 ppm. Anterior a la época industrial, a una cifra actual de 359 ppm. Este aumento corresponde a un 50% de lo esperado, basado en la tasa de quema
de combustibles fósiles. Varios procesos naturales parecen actuar como moderadores, por ejemplo el océano actúa como reserva, donde el dióxido de carbono se disuelve como tal y como carbonatos y bicarbonatos. Un aumento
del dióxido de carbono en el aire, actúa como estimulante del crecimiento vegetal, de esta manera se fija más este gas. El calentamiento de la tierra, además de descongelar las capas polares, puede causar un cambio en
el sistema de circulación del aire, cambiando patrones de lluvia. De esta manera por ejemplo, el medio - oeste norteamericano (fuente agrícola de los EUA), podría transformarse en desierto, y las zonas de cultivo
moverse hacia áreas de Canadá.
Otro riesgo constituye la posibilidad del descongelamiento de las tundras árticas que implicaría la liberación de millones de toneladas de metano, también gas de efecto
invernadero. Si la temperatura superficial de los océanos se eleva a 27 C sobre una extensa área, el vapor de agua ejercería un efecto invernadero tres a cuatro veces mayor que el actual. El equilibrio
ecológico de los mares polares se verá afectado, y se perturbará el crecimiento del plancton vegetal y animal perjudicando a toda la cadena alimentaria, desde los peces hasta las focas y las ballenas. Un aumento de solo
60 centímetros en el nivel del mar podría inundar las tierras fértiles de Bangladesh, en la India, tierras de las cuales dependen millones de personas para obtener alimentos. La capacidad de producción de los graneros
de trigo, arroz o maíz disminuirá entre tres y diez veces, y gigantescas hambrunas asolarán a los países del tercer mundo.
Las grandes empresas continúan preguntándose cuanto puede llegar a costar combatir el
calentamiento global, pero sería mejor preguntarse cuánto nos va a costar el no combatirlo. La cantidad media de declaraciones de zona de desastre ha aumentado de 25 al año entre 1979 y 1983, a 46,6 al año entre 1994 y
1998, un incremento del 86 %. Las pérdidas económicas relacionadas con catástrofes naturales en la última década son 8,5 veces mayores que en los años 60, teniendo en cuenta la inflación.
Los óxidos de nitrogeno
aumentaron un 19 por ciento y el metano en un cien por ciento. En lo que respecta al CO2, solo entre 1970 y 1990 aumentó en un 9 por ciento. En el mismo período, los ajustes para aumentar la producción
ganadera en Latinoamérica costó la destrucción de 20 millones de hectáreas de bosque tropical. En 9 de 15 países europeos aumentaron las emisiones entre 1990 y 1994. Sólo en Dinamarca el aumento fué del 18,9
%, en Portugal el 13,8 % y en España un 9,5 %.
Es importante señalar que el cambio climático fue por mucho tiempo negado por los líderes y autoridades del mundo entero. En 1991, por ejemplo, E. Donald Elliot,
director de la agencia de protección ambiental estadounidense declaró en Madrid que los EUA se oponían firmemente a medidas de reducción de emisiones de CO2, "hasta que no hubiese plena evidencia científica del
calentamiento peligroso de la tierra".
EL PROTOCOLO DE KIOTO
El protocolo de Kioto tiene por objeto minimizar la intensidad y el efecto del cambio climático global causado por la
acumulación de los denominados gases de efecto invernadero en la atmósfera. La entrada en vigor del protocolo tendrá unos impactos comerciales que bien merece la pena valorar.
Por una parte, el acuerdo prevé
una importante reducción en el nivel de emisión de gases invernadero y, por otra, el desarrollo de tecnologías alternativas limpias. Así, cada uno de los países firmantes del protocolo se ha comprometido a reducir sus
emisiones de seis gases específicos en unas cantidades determinadas por debajo de los niveles correspondientes a 1990 durante un período quinquenal inicial que va desde el año 2008 al 2012. Si bien las reducciones son
pequeñas en términos porcentuales, dado que se parte de niveles correspondientes a 1990,ello significa que para los países con emisiones crecientes (como es el caso de EUA) las reducciones previstas para el 2012 pueden
llegar a alcanzar un 40 a 50%.
El protocolo tenía previsto entrar en vigor en 1999. Con el fin de asegurar una reducción real en las emisiones de gases invernadero, no entrará en vigor hasta que un mínimo de 55
países firmantes responsables de al menos el 55% de las emisiones globales de CO2 en 1990 lo hayan ratificado.
El 2 de noviembre de 1998 activistas de Greenpeace reclamaron durante la apertura de la IV Conferencia de
la ONU sobre el cambio climático en Buenos Aires la incorporación de energías "limpias" o renovables, para mitigar los efectos negativos de los gases responsables del efecto invernadero sobre el clima mundial.
Los
ecologistas colocaron en el céntrico obelisco de Buenos Aires, de 60 metros de altura, carteles en inglés y en español que rezaban "Salven el clima" y "Energías limpias ya", reclamando a la vez que la reunión concrete
"avances reales" para mitigar la emisión de gases de efecto invernadero.
La unión Europea ( UE ) se comprometió a una reducción del 8% entre el 2.008 y el 2.012, y en la última cumbre del clima en Kioto los países
industrializados se comprometieron a reducir sus emisiones el 5% en el mismo período.
Alemania se ha propuesto como meta reducir las emisiones de CO2 el 25% para el año 2.005, tomando como base la cantidad de
emisiones de 1990.
EUA es el principal propagador mundial con alrededor del 25% del total de los gases de efecto invernadero.
Cinco réplicas de turbinas de cinco metros de altura que funcionan por acción del viento
fueron instaladas en la plaza de Buenos Aires donde está el obelisco. La instalación de energías no contaminantes generaría una reactivación económica en muchísimos sectores y una nueva revolución industrial, pero haría
perder protagonismo a las todopoderosas compañías petroleras
Las réplicas de turbinas representaban las energías limpias o renovables, como la solar y la eólica.
CAMBIO CLIMATICO EN AMERICA LATINA
Algunos de los países de Latinoamérica, especialmente los del istmo de América Central, más Ecuador, Brasil, Perú, Bolivia, Chile y Argentina, se ven actualmente muy afectados por las consecuencias
socioeconómicas de la variabilidad del clima a escala entre estacional e interanual, y particularmente por fenómenos como EL NIÑO.
Se espera que el cambio climático afecte a grandes extensiones de bosques y
pastizales. Los ecosistemas de montaña y las zonas de transición entre distintos tipos de vegetación serán especialmente vulnerables. El cambio climático podría agravar los efectos adversos de la continuada
deforestación de los bosques pluviales de la Amazonia. Este impacto podría ocasionar una pérdida de diversidad biológica, y reduciría las lluvias y la escorrentía tanto en el interior como el exterior de la cuenca del
Amazonas (al haber un menor reciclado de la precipitación por evapotranspiración), afectando el ciclo del carbono mundial.
El cambio climático podría afectar notablemente al ciclo hidrológico, alterando la intensidad
y la distribución temporal y espacial de la precipitación, de la escorrentía de superficie y de la recarga de agua, generando impactos diversos sobre diferentes ecosistemas naturales y actividades humanas. Las áreas
áridas y semiáridas serán particularmente vulnerables a un cambio en la disponibilidad de agua. La generación de energía eléctrica y la producción de cereales y ganado serán especialmente vulnerables al cambio en el
suministro de agua, particularmente en Costa Rica, Panamá y al Pie de los Andes, así como en áreas adyacentes de Chile y del occidente de Argentina. Los impactos sobre los recursos hídricos podrían ser suficientes para
provocar conflictos entre usuarios, regiones y países.
Se prevé también una disminución de la producción agrícola, incluso tomando en cuenta los efectos positivos del aumento de CO2, sobre el crecimiento de los
cultivos y un cierto grado de adaptación de las explotaciones agrarias, para varios tipos de cultivos de México, países del istmo de América Central, Brasil, Chile, Argentina y Uruguay. Además, la producción pecuaria
menguará si las praderas de las regiones templadas se ven afectadas por una disminución sustancial de la disponibilidad de agua. Los fenómenos extremos (por ejemplo, crecidas, sequías, heladas o tormentas), podrían
perjudicar los pastizales y la producción agrícola (por ejemplo, los cultivos de banana de América Central). Las formas de vida de los pueblos tradicionales, tales como las de muchas comunidades andinas, resultarían
amenazadas si disminuyera la productividad o la superficie de los pastizales o de los cultivos tradicionales. En las costas bajas y estuarios de los países del istmo de América Central, Venezuela, Argentina o Uruguay,
el aumento del nivel del mar podría reducir la tierra de las costas y la diversidad biológica (en particular, arrecifes de coral, ecosistemas de manglares, humedales de estuario, mamíferos marinos y pájaros), dañar las
infraestructuras y ocasionar intrusiones de agua salada. Si la subida del nivel del mar bloqueara la escorrentía de los ríos de llanura hacia el océano, podría aumentar el riesgo de crecida en esas cuencas (por ejemplo,
en la Pampa Argentina).
En lo que respecta a los asentamientos humanos, serán particularmente vulnerables los grupos de población que habitan en barrios pobres en los suburbios de las grandes ciudades. Especialmente
si están situados en áreas propensas a las crecidas o en laderas inestables.
Los cambios proyectados del clima podrían intensificar los efectos del grave estado crónico de mal nutrición y enfermedades en que ya se
encuentran algunas poblaciones de América Latina. Si aumentarán la temperatura y las precipitaciones, la distribución geográfica de las enfermedades transmitidas por vectores (por ejemplo, paludismo, dengue, chagas) y
de las enfermedades infecciosas (por ejemplo, el cólera), se extendería hacia el sur y hacia terrenos más ELEVADOS. La contaminación y las altas concentraciones de ozono (troposférico) en la superficie, intensificados
por un aumento de la temperatura en la superficie, podrían afectar negativamente a la salud y el bienestar de las personas, especialmente en áreas urbanas.