DEUDA EXTERNA = DEUDA ECOLOGICA

La deuda externa tiene dos facetas. La primera se relaciona con la obligación de pagar la deuda externa y sus intereses, para lo cual hay que aumentar las exportaciones. Aumentar las exportaciones implica explotar mayor volumen de Recursos Naturales, lo que lleva a daños mediambientales.

La segunda faceta es el reclamo de la deuda ecológica, a cuenta de la exportación mal pagada (sin internacionalización de costos sociales y ambientales, locales y globales) y a cuenta de los servicios ambientales proporcionados gratis. Por ejemplo, el petróleo que México exporta a los EUA, (país que se ha convertido en gran importador de petróleo) está infravalorado porque no tiene en cuenta la contaminación producida en TABASCO Y CAMPECHE, porque no incorpora un costo adicional a cuenta de sus efectos negativos sobre el cambio climático global y porque menosprecia la demanda mexicana futura.

En la actual ola neoliberal reaparece el recurrente tema del intercambio desigual. Se exporta más y más solo para quedar sin recursos no renovables y con más deudas que al principio, como el Perú en la era del guano. Se exportan productos que a la naturaleza  le ha tomado mucho tiempo producir, a cambio de productos o servicios de rápida fabricación.

Producir un excedente para equilibrar la balanza exterior de pagos implica bajar los salarios, además de explotar más intensamente el medio ambiente. Así se impone aumentar las exportaciones de petróleo mexicano, ecuatoriano y venezolano, expandir la minería y la industria de la madera en Centro América, y otras actividades económicas perjudiciales para la ecología.

En tanto la deuda (es decir, la riqueza financiera o "riqueza virtual") no decae con el tiempo sino que crece según la regla del interés compuesto.

Es obvio que la mayor amenaza al medio ambiente proviene del sobreconsumo del Norte, que se beneficia de un intercambio desigual y del uso gratuito de servicios ambientales de los que ya se apropia en forma egoísta. Todo esto hace que el ecologismo en los países del sur sea más fuerte y auténtico, aunque a menudo se manifiesta con otro lenguaje y simbolismo.

  COSTOS AMBIENTALES DEL CRECIMIENTO ECONOMICO

 La mayor parte de las veces el crecimiento económico tan ansiado por los países pobres desencadena progresivos daños ambientales, y con ello en realidad estaría limitado el desarrollo. Esta coyuntura se ha descubierto en numerosos países, incluido los industrializados, donde a medida que aumentan los productos per cápita, se incrementan algunos impactos ambientales decisivos, como los desechos sólidos en el ámbito de los municipios, el CO2 emitido a la atmósfera, o la acumulación de sustancias muy tóxicas, como el cadmio o níquel.

Ejemplos de estos abundan en Latino América. En las mayores ciudades del subcontinente se ha disparado la generación de desechos a cambio de magros aumentos del ingreso.

Se han sumado evidencias que muestran que bajo ciertas condiciones el crecimiento no solo no soluciona los problemas ambientales sino que los empeora. En consecuencia, el crecimiento económico acompañado de grandes deterioros ecológicos termina frenando el desarrollo, ya que la capacidad de los ecosistemas de amortiguar y absorber los impactos ambientales es limitada. Del mismo modo, si bien la disponibilidad de recursos, como algunos minerales, por ahora no es conflictivo, está surgiendo escasez en otros elementos antes impensados, como el agua potable. Sin embargo, el Banco Mundial sigue defendiendo el crecimiento a toda costa.

Se estima que el ser humano ya se apropia de aproximadamente el 40% de la productividad primaria que genera el planeta. La receta "crecer primero y limpiar después" es a todas luces inadecuada, ya que algunos impactos pueden ser irreversibles.

La contaminación ambiental entraña un costo sanitario considerable, que se agrava cuando se pospone la lucha contra ella. En general, el costo de la inversión en la lucha contra la contaminación es inferior a los beneficios que produce. Más vale entonces prevenir que curar. Suele ser más conveniente controlar la contaminación en la fuente mediante reformas normativas en especial la eliminación de subsidios, que invertir más tarde en la lucha contra la contaminación. Para peor de males bajo condiciones de regresión, estancamiento o reducido crecimiento, también pueden darse grandes impactos ambientales.

Es claro que el crecimiento por si mismo no puede ser la meta primaria del desarrollo. La disposición de recursos naturales está limitada; por ejemplo, la tecnología podrá ampliar los rendimientos de la agricultura, pero siempre se moverá con los 415 millones de hectáreas  con las que cuenta el continente. Los ríos y arroyos de las grandes ciudades latinoamericanas, poseen capacidades limitadas en manejar algunos contaminantes, y ya son muchos los sitios donde ya han sido ampliamente superados, como se observa en el Rimac de Lima, el Riachuelo de Buenos Aires o el Tieté de Sao Paulo.

Los procesos productivos de origen humano no constituyen un sistema abierto, que comienza con los factores de producción y terminan con los bienes y servicios, tal como  lo interpretan los grandes organismos financieros internacionales. En realidad representan un subsistema dentro de otro sistema mayor, la biósfera, que tiene sus límites.